Sociedad

APEMSA advierte sobre el uso responsable del inodoro y sus impactos ambientales

APEMSA hace un llamado a la ciudadanía para recordar la importancia de utilizar el sistema de saneamiento de manera responsable, especialmente en el hogar. Se debe evitar arrojar al inodoro residuos que no están diseñados para ser eliminados por esta vía.

El retrete no debe considerarse una papelera. Arrojar productos inadecuados puede ocasionar graves problemas en las instalaciones domésticas, así como en la red de alcantarillado y las estaciones depuradoras, con consecuencias económicas, sanitarias y medioambientales.

Entre los residuos que nunca deben tirarse al inodoro se encuentran:

  • Toallitas húmedas (incluso las etiquetadas como “biodegradables”)
  • Compresas, tampones y productos de higiene personal
  • Bastoncillos de algodón
  • Pañales
  • Aceites de cocina y grasas
  • Medicamentos
  • Pinturas, disolventes y productos químicos
  • Cabellos y restos de higiene personal
  • Arena para mascotas
  • Colillas

Estos materiales no se descomponen adecuadamente en el agua y pueden causar atascos en las tuberías domésticas, averías en la red de saneamiento y la formación de grandes acumulaciones de residuos, conocidas como “tapones”, que afectan el correcto funcionamiento del sistema.

Además, algunos de estos residuos contienen sustancias contaminantes que pueden llegar al medio natural, impactando a ríos, mares y ecosistemas, e incluso comprometer la eficacia de los procesos de depuración.

APEMSA recuerda que el único material que debe desecharse por el inodoro es el papel higiénico, además de los residuos fisiológicos. El resto de desechos debe depositarse en los contenedores adecuados o gestionarse a través de los puntos limpios y sistemas específicos de recogida.

Asimismo, la entidad insiste en que una correcta gestión de los residuos contribuye a reducir costes de mantenimiento, evitar incidencias en el servicio y proteger el entorno. Por todo ello, APEMSA apela a la colaboración ciudadana para preservar el buen funcionamiento del sistema de saneamiento y garantizar la sostenibilidad del ciclo integral del agua.

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