Se dice que durante su cautiverio en Cádiz, Fernando VII era un visitante habitual del Ventorrillo El Chato, una venta inaugurada en 1870 por Chano García, conocido como ‘El Chato’ debido a su prominente nariz. Este establecimiento, ubicado entre Cádiz y Madrid, ofrecía al monarca un respiro en su estancia gaditana, donde disfrutaba de comidas y celebraciones junto a Fray Manzanilla.
En uno de esos eventos, se cuenta que el rey solicitó que le cubrieran la copa con una loncha de embutido. Aunque hay quien sostiene que fue Alfonso XIII el que hizo esta petición, Álvaro Córdoba, jefe de sala y encargado de la bodega, asegura que la tradición de la tapa nació en este lugar.
La historia de El Chato está llena de magia y anécdotas, como los túneles ocultos que conectaban con La Bahía y las visitas de personajes históricos. Aunque actualmente no ofrecen tapas en el menú, Álvaro y su hermano Víctor, jefe de cocina, han encontrado formas de adaptarlas, sirviendo porciones de algunos platos como las albóndigas de atún en salsa, que pueden ser servidas en cantidades menores para compartir.
A pesar de los cambios, esta tercera generación de hosteleros se esfuerza por mantener la esencia del negocio que ha estado en funcionamiento por más de 300 años. Entre sus platos más populares están las albóndigas, la tosta de anchoas y boquerones sobre alboronía de verduras, y la famosa tortillita de camarones, además de nuevas incorporaciones como los espirales de foie y membrillo.